¿Quiénes son los palestinos?

“No. No aceptes lo habitual como cosa natural. Porque en tiempos de desorden, de confusión generalizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural.
Nada debe parecer imposible de cambiar.”
Bertolt Brecht

La ONU los define como un pueblo que lucha por la libre determinación, lo que es cierto, pero no es lo central ni suficiente pues, esa manera de evadir la responsabilidad de las llamadas Naciones Unidas sin derechamente hablar de un pueblo que lucha contra la colonización de su territorio, no es más que una forma de seguir sumidos en la inoperancia y la inactividad frente a los intereses del imperio norteamericano y el poder zionista mundial.

Los palestinos son, ante todo, personas como todas las demás, hombres, mujeres, ancianos, niños. Pero personas que, como pueblo, han vivido y viven en un territorio con una posición geopolítica privilegiada, ambicionada por todos los que quieren ejercer el dominio hegemónico sobre el Medio Oriente y sus recursos, e impedir a toda costa la unidad árabe.

Su lucha no es de hoy. Son un pueblo que lleva decenas de siglos defendiendo su tierra contra disímiles imperios y agresores, que sufrió hace ya más de un siglo, desde finales de la década del 30 del siglo XIX y aún bajo el Imperio Otomano, la ocupación colonial zionista, la llegada de judíos importados y el establecimiento de asentamientos judíos promovidos por el imperio colonial británico. Y cuyo territorio ha sido objeto de componenda para satisfacer los intereses de la gran burguesía judía y los del imperialismo no una, sino por lo menos dos veces. Primero, cuando hace unos 95 años, en 1917, estos intereses se arrogaron el derecho, que no tenían, de ceder unilateralmente la tierra palestina para establecer el “hogar nacional judío” y, hace 64 años, cuando la ONU repitió el hecho al fabricar un estado artificial en ella para ellos.

Un pueblo que, para vergüenza del mundo, ha sido blanco de una política conscientemente dirigida de limpieza étnica. Que lleva más de medio siglo haciendo frente a su llamada gran catástrofe (Al Nabka), generada por la usurpación armada de su tierra por los zionistas, de la cual han sido arrojados y desplazados por la fuerza. Que es y ha sido objeto de una sistemática confiscación “legal” y que sigue siendo desposeído por la violencia y continuamente, de sus recursos y del poco territorio de que le han dejado.

A los que se vieron obligados a emigrar se les ha llamado la diáspora palestina, no tienen derecho a regresar y casi nadie habla ya de ellos. Puede ser que sus familias se hayan integrado en la vida de los países en donde residen. O, como cientos de ellos, vivan aún hacinados en campamentos y reciban el eufemístico nombre de “refugiados”, cuando en realidad lo que han sido es expulsados de sus tierras. Y puede que ni se les reconozca como tales porque, conforme a lo que entienden los organismos internacionales, sólo lo son los que fueron expulsados en 1948, y no los de 1967, ni ninguno de miles que se ven obligados a desplazarse en su propio país o viajar a otros porque sus casas han sido bombardeadas, o quizás “legalmente” confiscadas” o simplemente destruídas.

Los que lograron quedarse  se concentraron sobre todo en dos zonas aisladas: Gaza, bombardeada y bloqueada, prácticamente sin agua ni alimentos, convertida hoy en un campo de concentración donde mal viven millón y medio de personas. Y  lo que va quedando de lo que en algún momento se denominó Cisjordania, que está siendo fragmentada, amurallada y sometida a constantes presiones.

A estas zonas se les conoce como Territorios Palestinos Ocupados por estar, se dice, bajo un régimen de ocupación militar. Ello, sin dudas, es una ironía porque, por un lado, el territorio palestino que ciertamente está bajo ocupación extranjera es el que actualmente tiene Israel, defendido por los zionistas y sus aliados. Y, por otro, porque no hay un pedazo de tierra en Palestina donde habiten palestinos que, de hecho, no se encuentre amenazada por las armas zionistas y sus habitantes no estén bajo constante agresión.

Los palestinos son, en consecuencia, un pueblo al cual el zionismo y los que lo apoyan y protegen – incluyendo en ellos por supuesto al más poderoso, los Estados Unidos, y a monarquías y países árabes doblegados y sirvientes de sus ambiciones – niegan todo tipo de derecho y su propia existencia como tal. Que ha sido objeto de una política de imposición, agresión y terror asociada a la voluntad zionista-imperialista de desaparecerlos como pueblo palestino y como nación, de imponer su dominio geopolítico y económico en la región y de mostrar, en ejercicio de poder hegemónico, la supremacía de su ideología.

Los palestinos son entonces en verdad, un pueblo que lucha por la libre determinación y por la descolonización. Pero no un pueblo en general ni quimérico, sino uno conformado por personas reales, que viven, sienten y padecen, que pueden tener distintas creencias religiosas, ser musulmanes o cristianos, o diferente posición social, que pueden vivir físicamente en su propio territorio o en la diáspora, pero personas que guardan todas a su patria agredida y ocupada en el corazón.

Personas que, sin embargo, y a pesar del continuo régimen de terror, acoso al que han estado y están sometidas, y a la desconfiguración que se ha hecho y se hace de su historia e identidad, han debido luchar dentro y fuera de su país, y lo hacen hasta hoy, sobreviviendo como un solo pueblo, no obstante los esfuerzos de todo tipo que el imperialismo y el zionismo han realizado y realizan para hacer que desaparezca su causa, adulterar su imagen, minimizar su influencia, para adormecerlos, desviarlos de su lucha, limitarla e impedir que se desarrolle su fuerza más poderosa: su unidad, dividiéndolos desde dentro y desde fuera.

Un pueblo que esta demostrando ser digno heredero, en tanto árabe, de una estirpe cuya cultura, costumbres y tradiciones, signadas por el islamismo, tiene también una enriquecida tradición de lucha por la libertad y la independencia. Un pueblo que lleva más de medio siglo enfrentándose directamente al zionismo, que ha ejercido contra ellos todo tipo de acciones de limpieza étnica, usurpación de propiedades, invasiones militares, destrucción y expulsión de sus pobladores, asesinato y genocidio. Y un pueblo cuyas Intifadas, luchas de piedras palestinas contra tanques, cañones y las más sofisticadas armas sionistas han demostrado su enorme valía y su enorme capacidad de resistencia y de sacrificio para defender la tierra Palestina y sus derechos frente aquellos que quieren sojuzgarlo, utilizarlo como ejemplo para minar la hermandad de los pueblos árabes y desaparecerlo.

Los palestinos son entonces un pueblo cuya lucha tiene raíces tan profundas y sólidas que la proyectan mucho más allá del esfuerzo por alcanzar su libre autodeterminación como nación, lo que en los tiempos que corren y dentro del modelo de dominio capitalista actual es además algo bastante relativo, que rige en la práctica real sólo para los poderosos y que, aún como migajas, tampoco los zionistas en su arrogancia y prepotencia están dispuestos a permitir.
Estas raíces proyectan la lucha Palestina como movimiento nacional por su liberación e independencia real, insertándola, como dijera George Habash, fallecido dirigente palestino, “En el proceso de liberación de las capitales árabes, parte inalienable del proceso liberador mundial, de lucha contra el imperialismo y por un mundo mejor”. Por ello, desde la terrible existencia de los campamentos, los palestinos en su correcta visión del mundo actual luchan en cada terreno donde el imperialismo sojuzga, oprime y explota a otros pueblos, en la clara convicción que la derrota del imperio en cualquier parte del mundo es una victoria más para el pueblo palestino y para la humanidad.

Conociendo lo que pasa en Palestina, y sin hablar de derechos ni de Estados. ¿Podrá hablarse realmente en el mundo de democracia, paz y justicia?

Nicola Hadwa, Integrante de la Coordinadora por la Lucha de los Pueblos y del Comité de Solidaridad con el Pueblo Palestino de Chile, y Silvia Domenech, investigadora

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