“El orden democrático existe en la medida en que un sujeto social organizado genera actividad por imponer ese orden”

Entrevista a Joaquín Miras Albarrán sobre Praxis política y Estado republicano. Crítica del republicanismo liberal

Entre otras muchas cosas, algunas de ellas recordadas y comentadas en anteriores conversaciones, Joaquín Miras Albarrán es miembro-fundador de Espai Marx y autor de Repensar la política y Praxis política y estado republicano.

Estábamos en Hegel. Adelante, nos estás dando una verdadera lección de hegelismo (si me permites la broma).

El punto: que el “Entendimiento” la disposición desdoblada, objetivante, de la mente –disposición activa de la mente, que interpreta- frente a la realidad, esa, el Entendimiento, no es considerada por Hegel una monstruosidad intrínseca. El individuo aislado en su comportamiento particular tiene que relacionarse con lo existente como inamovible, como “provisionalmente inamovible” al menos. Y este pensamiento objetivante es el que posibilita, esto es, el pensamiento a partir del cual, surgen las ciencias. Este pensamiento es el apropiado para las ciencias, tanto las físicas como las sociales. Y si, en relación con las ciencias sociales, se tiene en cuenta eso, esto es, que son construcciones analíticas, que además de recortar la totalidad social integrada, descomponiéndola en campos de saber, adoptan la construcción intelectual de la realidad como un fijo inamovible para poder operar intelectualmente sobre el mismo, pero tienen consciencia de que eso es una convención. Si se tiene consciencia de la convención intelectual en la que se fundamentan las ciencias, que suponen como objeto lo que es nuestra actividad social in actu, si eso es tenido en cuenta, las ciencias aportan saber valioso.

Perdona, lo destaco: si tienen en cuenta lo señalado, las ciencias aportan un saber sustantivo, valioso. 

A esta forma de enfrentar intelectualmente la realidad, como he dicho, la denomina Hegel, “Entendimiento”. A la forma de comprender intelectualmente que la realidad y nosotros somos lo mismo la denomina “Razón”. Pues bien, Hegel mismo dice que el Entendimiento sin Razón es válido –la gente puede vivir, hacer su vida desde el Entendimiento-, pero la Razón sin entendimiento es inútil. Pues, que, por ejemplo, para cruzar una calle, hemos de tener en cuenta todos los “Realitäts” de rugientes motores que se nos abalanzan encima, sin esperar a poder interactuar deliberativamente con ellos, claro.

Me recuerdas a ejemplos dados por Lukács en las Conversaciones.

Toda praxis comunitaria es, como he dicho, un hacer en común según un proyecto ordenador que subsume la totalidad de actividades; la Totalidad del mundo de la mercancía por ejemplo, mundo-Realität, mundo fetiche, cuya verdadera entidad es nosotros en comunidad haciendo y a la par, considerando la totalidad de nuestros haceres y de sus creaciones –Wirklichkeit- como “mercancía”, como cosa, cosa instrumental, cosa utilitaria –Realität- como, esto es, como “cosa” “Ding”, como cosa a lo piedra, a lo árbol, y no como objetivación de nuestro hacer, como praxis propia de empresa común, de empresa “en” común, en el momento de su hacerse, objetivación práxica –”Sache”-. Praxis en común, totalidad. “Totalidad” habla de esa praxis intersubjetiva siempre viva. Totalidad es un no parar –diría mi madre-, un no parar en común y según proyecto orgánico, hegemonía.

El ser humano es práxico: ser social y práxico. Se autocrea en comunidad la forma de hacer y vivir. Nada hay que no sea creación nuestra. Solo somos creación nuestra, praxis en acto, por eso no hay otra realidad sino la que nosotros generamos, y por ello, verdad, cosa real verdadera es solo lo que hacemos –verum ipsum factum, verdad es lo hecho-. Todo nuestro hacer es obra nuestra y todo lo que hacemos nos autodetermina. Ítem más la totalidad de nuestro vivir, la vida cotidiana, los saberes productivos y reproductivos, nuestra cultura material en sentido antropológico, nuestro ethos, que es lo que nos determina, nos construye, es producto creado por nosotros,. Creado, no ex nihilo –hemos de metabolizar con la naturaleza interna y externa-, pero sí creado. Por ello la totalidad del hacer y la totalidad del saber hacer es objeto de nuestro interés político. Esa es la tarea a deliberar en comunidad de iguales: todo lo que hacemos y que nos crea.

Esta es la noción de totalidad social marxista, que es usada por los marxistas hegelianos. Un todo orgánico, donde no hay “bases por aquí” “sobrestructuras por allá”, y donde no hay foto fija, sino proceso, sociedad en constante proceso de autotransformación. Donde, además, nosotros, los marxistas somos co-parte interior del sujeto social interactivo que genera el hacer.

Surgen mil preguntas más pero no abuso. ¿Entiendo mal si señalo que estás haciendo una crítica a la metáfora arquitectónica de supuesta inspiración marxista sobre la infraestructura económica y la supraestructura política y cultural?

Exacto.

Hablas también de una nueva praxis que cree un nuevos ethos, esto es, añade, “un verdadero nuevo Estado” (que, además, añades luego es el campo fundamental de la praxis política).. Ya hemos hablado de ello, pero aquí Estado está usado con significado distinto al uso usual del término. No equivale a los aparatos políticos e ideológicos del Estado, por usar terminología althusseriana.

Así es, el estado vuelve a ser lo que siempre fue para la tradición política clásica, la totalidad de la comunidad organizada para generar en común las actividades que producen el vivir de cada uno de los miembros de la misma. Ethos lo llamaba Aristóteles, y era la totalidad de saberes práxicos, productivos del mundo humano de la comunidad. Más los instrumentos de deliberación política en comunidad que posibilitan deliberar sobre el ethos y sobre las medidas para preservar a la comunidad. Antonio Gramsci, consciente de que el liberalismo había querido liquidar esta tradición, y que mucha gente no lo entendía, definía al “estado como sociedad política+ sociedad civil”. Por ello, la praxis política tiene siempre como fin determinar cuál es el ethos, la comunidad de vida que se quiere crear. El proyecto obedece a la inspiración, al ascendiente de una u otra fracción de la sociedad que impone su “hegemonía”, sobre el mismo. Dirimir ese combate, decidir cuál debe ser el proyecto de vida es, por tanto, el objetivo de la praxis política, que debe ya generar ex ante, antes de alcanzar a construir un nuevo orden institucional, el nuevo vivir, el ethos nuevo, al menos en buena parte.

Toda persona, afirmas, que diera adhesión a un vivir, supeditara su actividad a ese hacer y obligara o persuadiera a los demás subalternos de su ámbito de poder a proseguir ese hacer, era puntal de ese Estado. ¿Quiénes no han sido entonces puntales de los Estados? ¿Quién está libre de pecado?

Totalmente cierto. Somos el sujeto productor del mundo que habitamos. No hay magia que lo produzca al margen de nosotros. Ese mundo no es naturaleza, es obra nuestra, mediante la que hemos transformado la naturaleza. Si se produce es porque estamos de acuerdo en producirlo. “Auto identidad de sujeto y objeto”, “monismo”, “inmanentismo”. Pero precisamente por eso, podemos cambiarlo cambiándonos a nosotros mismos; donde “cambiarnos”, lo que se entiende por tal cosa predicado de un ser que es comunidad práxica intersubjetiva, no es un acto posible individualmente, no es un conversión de individuo aislado en el desierto de la Tebaida, o subido sobre una columna, tal como los hacían los ermitaños cristianos de las Vidas Ejemplares de Editorial Novaro; o como Simeón el estilita, encaramado en su columna y rodeado por un mandra o vallado, encima. Es un proceso práxico comunitario. En contrapartida todo hacer nuevo que generamos transforma la realidad que es creación nuestra y nos auto trasforma al generar nuevas capacidades, nueva antropología en nosotros.

Sin radicalizar la democracia y convertirla en el orden sustancial del vivir cotidiano en comunidad, afirmas, “no se puede desarrollar, afianzar, potenciar el orden democrático en las leyes”. Luego, por tanto, ¿dónde existe algún orden democrático en las leyes? ¿Ha existido alguna vez?

El orden democrático existe en la medida en que un sujeto social organizado genera actividad por imponer ese orden. Por imponer en la vida cotidiana un vivir controlado por la comunidad, un hacer en común controlado por todos los que lo producen en las diversas células microfundamento de la sociedad, en los micromundos desde los que actuamos organizadamente y que componen la vida cotidiana, los micromundos desde los que producimos y reproducimos la praxis que objetiva nuestra sociedad: que se objetiva como nuestra sociedad. La democracia, donde existe, lo hace como proceso y como proceso de democratización del mundo que hay ahora. Puede llegar a existir como proceso a secas, o sea como ethos ya triunfante, cuya puesta en obra exige la actividad permanente de las gentes, pero ya no como proceso por imponerse como democracia real sobre los mundos de vida comunitarios. La democracia existe entonces como democratización, tal y como nos decía Georg Lukács. Existen leyes democráticas allí donde son resultado de las luchas del movimiento democrático y donde éste además impone que se cumplan y no se pervierta su espíritu. Decía otro grande, Arthur Rosenberg

Otro de los grandes de verdad. 

Sí, desde luego. Decía que democracia es el nombre de un movimiento. Y existe estado democrático –pleno- allí donde ese movimiento se ha impuesto. Cómo iba a ser la democracia otra cosa que proceso práxico intersubjetivo, si queremos que sea verdad verdadera, verdad real, verdad traída al mundo por quien puede, nosotros los explotados –”wirklichkeit”-. La democracia ha existido con plenitud en periodos revolucionarios y en algunas de la las antiguas polis helénicas. La democracia es un proyecto concreto y es una posibilidad concreta, histórica, que acoge las aspiraciones concretas de un mundo social de pobres, de subalternos, un mundo histórico concreto. Nadie está fuera de su propio mundo, y nuestras expectativas de vida son concretas. Se pueden definir fines, aspiraciones disparatadas, pero tan reales y concretas como las mesuradas. Y todas son históricas. La democracia es histórica y como tal, como proyecto definido por los que luchamos por co-generarla, es un proyecto determinado, concreto, y por ello hacedero al mil por mil. Como lo es mi ideal de felicidad, que es el de esta época, y por ello es “éste” con estos “ítems” –los de Aristóteles, por ejemplo: felicidad es sensación inherente a la actividad, la sensación inherente a la actividad de un ser que es práxico y solo se autodesarrolla mediante la praxis…. Bueno, todo esto viene a cuento de que no estoy por lo de los “Ideales regulativos”, esas ideas que desbordan siempre su momento histórico presente y que son como el horizonte que por mucho que se camine nunca se alcanza, una versión laica del escatón. Todo proyecto es histórico, esto es, es concreto, y es, puede serlo, perfecto, porque perfecto “entelés”, perfectum –perficio-, quiere decir, “acabado” conforme a la intención. Cómo va a existir un ideal ahistórico, qué imaginación puede llegar a crearlo. Somos seres históricos, y somos seres libres, eso sí. Pero no porque tengamos un ideal regulativo, llamado libertad, a alcanzar asintóticamente; un ideal no existente en el ES, pero alcanzable en el “DEBE”.

Se entiende tu posición no kantiana en este punto. 

Somos seres libres, porque siempre –siempre- lo hemos sido; la libertad no es un estadio ontológico a alcanzar, o a desarrollar; es simplemente nuestra ontología, la de un ser que no tiene naturaleza, una sustancia que es intersubjetividad, una sustancia que es sujeto comunitario, praxis en acto de comunidad, praxis sin proyecto predeterminado a priori. Y por ello tan obra de nuestra libre autodeterminación es el esclavismo como la igual libertad. Pero la experiencia, tras la Revolución Francesa, nos ha revelado experiencialmente, ha revelado a nuestra consciencia esto, este carácter nuestro originario. Y ahora, esta experiencia histórica, concreta que nos ha hecho seres conscientes de lo que siempre hemos sido, de nuestra condición ontológica de siempre, nos permite guiarnos conscientemente conforme a este entender lo que siempre hemos sido, esta autoidentidad sujeto objeto nuestra –dicho sea de paso y para salir al paso de interpretaciones relativistas.

Interpretaciones relativistas que no van contigo. No eres partidario de ningún tipo de relativismo. Por lo demás, y perdona la pregunta, cuando se habla de democracias para referirse a sistemas políticos como el alemán, el norteamericano o en español, este uso del término no debe ser muy convincente para ti.

Son regímenes representativos, liberales. Cínicamente, a sabiendas de su mentira, denominados democracias por los liberales. Precisamente Ortega y Gasset –quien vaya a mi libro, lo encontrará- salía al paso de la confusión, y se declaraba antidemócrata explícitamente a fuer de liberal.

Hablas, en algún momento, de una vida hegemonizada por las ideas de igualdad, libertad y deliberación en común. ¿Por qué no hablas de la fraternidad?

Tienes razón, debiera haber hecho constar el tercer miembro de la divisa, o debiera haber hecho constar por qué, en ese punto que tú citas, no aparecía esa divisa que es justo la divisa de la democracia de la contemporaneidad. Me explico.

Espera un momento, descansemos. Nos irá bien.

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=221464

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