A un año de macrismo y de resistencia popular: ¿la CTEP como herramienta de lucha o dispositivo de gobernabilidad?

Disyuntivas en juego

Nació hace casi ya 6 años pero es con el gobierno de Macri que la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) adquiere notoriedad por la capacidad de movilización puesta en juego con la marcha desde San Cayetano el 7 de agosto, como así también con la del 18 de noviembre que culminó con la sanción de la ley de Emergencia Social.

No es un hecho menor que dos de sus principales referentes ideológicos, Emilio Pérsico del Movimiento Evita y Juan Grabois del Movimiento de Trabajadores Excluídos (MTE) sean hombres cercanos al Papa Francisco y desplieguen una política a tono con las jugadas que por estos pagos viene impulsando éste. A través de las relaciones fluidas que lleva adelante Francisco con gran parte del entramado político y sindical del país logró poner paños fríos sobre las medidas de lucha que se esperaba tomara la reconstituida CGT. Fue a instancia de su gestión que el 24 de septiembre se reunieron la CTEP, la Iglesia y la CGT -que ofició de anfitriona- sellando un acuerdo al que calificaron histórico en tanto “La unidad entre la CTEP y la CGT marca el inicio de un proceso de unidad de la clase trabajadora”.

Es este el marco que la CTEP aparece como una de las propuestas de organización del enorme sector de trabajadores precarizados, cartoneros, feriantes, vendedores ambulantes o cooperativistas, que deben sobrevivir en condiciones cada vez más adversas y que, a diferencia de lo que en otros tiempos se llamó ejército de reserva del proletariado, ya no tienen siquiera la perspectiva de ser explotados alguna vez.

Con una visión crítica de la CTEP, me parece sin embargo necesario separar la hojarasca del trigo en las críticas que se le hacen, en tanto que aun con aspectos reales, varias resultan parciales y eluden los problemas de fondo.

Tres críticas parciales

Una crítica se refiere a que es muy poco lo conseguido a través de la Ley de Emergencia Social sancionada tras la movilización del 18 de noviembre. Desde un punto de vista es cierto, más si comparamos los escasos 10.000 millones anuales que esta ley destina a políticas sociales con los millones para los fondos buitres, los 90.000 millones en rebajas de retenciones, los 19.000 millones condonados a las empresas concesionarias del servicio eléctrico o los 40.000 millones recientemente destinados a comprar armamento para las Fuerzas Armadas.

Sin dejar de señalar la necesidad de ir por más y de denunciar la burda mentira de este gobierno que afirma no poder hacer más -con sinceridad impostada frente al espejo y a Durán Barba- es difícil criticar sin pudor a quienes le arrancan algo a un gobierno que no quiere dar nada. De última, es discutible si la relación de fuerzas hubiera permitido obtener mucho más que lo conseguido.

Otra crítica, principalmente de los partidos que componen el FIT, alega que la CTEP avala la precariedad de este enorme sector de trabajadores al no pelear por su incorporación al trabajo formal. Olvidan que para intervenir en la realidad de la lucha de clases no alcanza con enarbolar “verdades” en abstracto sino impulsar la construcción de una relación de fuerzas favorable y una firme voluntad popular de imponer a cualquier costo los reclamos, en este caso las 6 hs de trabajo con un sueldo digno para todxs. Este olvido encuentra sus raíces en una lógica –ya demostrada falaz- de que exigir lo que un gobierno del capital no concederá convencería al pueblo a asumir la necesidad de la toma del poder bajo la dirección del partido que enarbole este programa. Creemos que esta visión idealista que elude interrogarse desde dónde organizar a las mayorías marginadas, suma a la fragmentación de las luchas y pierde una oportunidad de disputar el rumbo de la resistencia contra la ofensiva macrista.

Por último, en especial desde sectores kirchneristas, se critica la cláusula de paz social que contiene el acuerdo entre la CTEP y el gobierno. Esta crítica tiene una parte de verdad en tanto -con o sin cláusula- el Movimiento Evita, principal organización de la CTEP, se ha pronunciado por aportar a la gobernabilidad del macrismo. Pero más allá de esto -y sin olvidar que también Cristina y la dirigencia K manifestaron similar intención y deseos de que a Macri le vaya bien-, lo cierto es que generalmente todo acuerdo conlleva cláusulas de este tenor que son rotas por una u ambas de las partes cuando así lo consideran.

Más allá de estas críticas parciales considero que los debates necesarios pasan por otra parte.

Un paso adelante, sí ¿pero hacia dónde? Algunos triunfos acumulan para nuevas victorias. Otros preparan futuras derrotas. Depende de que se pretenda hacer con estas victorias.

Sin dudas varios de los integrantes de la CTEP aspiran a que lo arrancado con la movilización sirva de impulso para ir por más. Pero no es el caso de la organización mayoritaria de la misma, el Movimiento Evita, que en sintonía con el Vaticano pretende sirva como base y garantía de una gobernabilidad bastante endeble ante una resistencia popular que no cesa, una economía en crisis y el recuerdo de una rebelión que a 15 años sigue atemorizando a las clases dominantes con la posibilidad de un diciembre “caliente”. Pretender simultáneamente habilitar al gobierno a que pueda “gobernar” aplicando sus planes y desear que el pueblo viva mejor resulta una contradicción insanable. Porque como señaló un compañero del combativo y democrático sindicato aceitero, “la gobernabilidad es la capacidad de mantener pasivos a los pueblos mientras se los golpea”.

El aporte a la gobernabilidad que se propone el Movimiento Evita, apoyándose en la estructura que le posibilita la CTEP, se sostiene sobre dos patas diseñadas por el Vaticano: un acuerdo estratégico con la CGT para canalizar las luchas populares, y la reconstrucción de la unidad del PJ para que -con el apoyo de los movimientos sociales- recomponga una alternancia política dentro del sistema que evite el surgimiento de proyectos populares de liberación.

Unidad con la CGT y organización de lxs precarizadxs: de la calle al Palacio

No tiene nada de malo aprovechar alguna -ya bastante ocasional- convocatoria de la CGT a movilizar, para multiplicar luchas, no aparecer aislados, sumar fuerzas. De hecho es lo que hacen gran parte de lxs trabajadores.

Pero el acuerdo CTEP/CGT va más allá de una supuesta unidad de lxs trabajadorxs de la economía popular con el movimiento obrero. Oficia como pantalla para reproducir en la nueva organización las prácticas que predominan en las burocracias de “los gordos” que poco tienen ya que ver con las necesidades y el protagonismo de sus trabajadores y mucho con la auto-reproducción de una burocracia emparentada con los sectores empresarios y que depende más de una relación aceitada con los funcionarios que de sus propios trabajadores.

El Movimiento Evita se sabe en los inicios de ese rumbo, “nosotros hablamos desde la informalidad del sector que representamos, que se expresa sobre todo en que no tenemos un cauce formal de relación con el Estado, que recién estamos empezando a construir. El sindicato, en cambio, es el cauce formal de relación entre los trabajadores formales y el Estado… pero las organizaciones populares no tenemos ese canal institucional. … En ese contexto entendemos que hay que construir una postura… que promueva la movilización popular en las calles, que dé pelea y ocupe el espacio público, pero que al mismo tiempo tenga la capacidad de negociar y obtener algo, aunque sean migajas, pero que los compañeros vean en la pelea social un camino de solución de sus problemas y no una pelea estéril”.

Así, si la movilización del 18 de noviembre representó, en palabras de Pérsico, la posibilidad de que “cada familia tenga una sidra y un pollo en año nuevo”, para el Movimiento Evita significó la posibilidad de institucionalizar su relación con el gobierno a través del “Consejo de la Economía Popular y el Salario Social”, integrado por tres representantes ministeriales y tres de los movimientos sociales. De ahora en más, así como la CGT logró impedir una huelga general más que justificada, habrá un canal institucional que intente similares resultados en un sector que, desde la resistencia al neoliberalismo de los ’90, encabezó luchas que nunca pudieron terminar de encauzar.

De ahí el entusiasmo de Emilio Massot, hombre del PRO en diputados, quien declaró a La Nación: “estamos incorporando y conteniendo a un sector que hasta ahora era ignorado” y prometió “trabajar para institucionalizar a un sector de la economía”.

Ya desde la mirada de aquel diciembre caliente del 2001/2002 que recuerda la gobernabilidad en crisis, se ponen en juego dos miradas diferentes, opuestas, sobre la organización de lxs trabajadorxs precarizadxs.

Con una mirada desde los movimientos populares, nos relata Guillermo Cieza, ¿cómo hablar con esos tipos… donde no hay secretario general, ni presidente, ni referente y donde los autoconvocados se someten solo a las decisiones de la asamblea?… “el dato original de la protesta social en la Argentina no es la rebeldía. La clase trabajadora argentina supo ostentar récords mundiales de conflictividad sindical, y no por casualidad nuestro país tuvo 30.000 desaparecidos. El dato original es el ocaso de los burócratas. Las nuevas formas de decisión y representación generadas en las asambleas de base, que se están extendiendo en los movimientos de desocupados más avanzados, en las reuniones vecinales de Capital y en las puebladas del interior.” (2004)

Desde las antípodas a esta mirada y compartiendo temores con quienes debieron encerrarse en sus casas en el 2001, Pérsico –por entonces dirigente de una pequeña organización piquetera que devino masiva al calor de los despachos oficiales- aporta su relato, “siempre que hubo desequilibrio y desestabilización en la Argentina fue porque los trabajadores no estaban unidos. Sucedió en los ’70, cuando las Coordinadoras de Gremios en Lucha pasaron por encima de la CGT, voltearon a un ministro y casi voltearon al gobierno. Pasó también en el año 2001, cuando las organizaciones sociales no tenían representación ni unidad”.

Si parte importante del movimiento piquetero estuvo cruzado por la democracia de base, las asambleas, el protagonismo popular, las organizaciones mayoritarias de la CTEP intentan lo contrario. El protagonismo en las decisiones ya no lo tienen las asambleas de base sino una “Junta Promotora” conformada hace ya seis años como instancia de “transición” hacia una democratización de la CTEP, a imagen y semejanza de la “democrática” CGT.

No se trata de volver a un pasado irrepetible. Las organizaciones territoriales en que devinieron los movimientos piqueteros no pueden ni necesitan retroceder sino avanzar paradas desde las asambleas de base como fuentes generadoras de política, poniéndole el cuerpo a las múltiples luchas contra la ofensiva macrista, concibiéndose desde reclamos más abarcativos, sintetizando diversas identidades populares, construyendo programas junto y en defensa del pueblo y el territorio, articulando los diversos sectores del fragmentado pueblo trabajador, aportando a la autonomía de lxs de abajo.

Lejos de esto, las intenciones y prácticas del Movimiento Evita implican un reforzamiento de los dispositivos de gobernabilidad y fragmentación de lxs trabajadores, así consigan periódicamente algunas “migajas” más o menos valiosas para el pueblo.

Muy pronto se pondrá en juego la necesidad de enfrentar la nueva alianza con la CGT. El gobierno -mientras concede a disgusto en el terreno de los planes sociales- ha anunciado que sus principales objetivos son ir contra los salarios, condiciones de trabajo, convenios y todo lo conseguido en una historia de lucha por lxs trabajadores de nuestro país, para quebrar definitivamente esa tradición combativa. Esto no se dará sin pelea y la dirigencia de la CGT, como siempre y más allá de alguna medida ocasional para salvar la ropa, juega para los de arriba. Nuevamente, a pesar del disgusto de Emilio Pérsico, habrá que pasarle por encima a la CGT y sus “cuerpos orgánicos” para soldar lazos solidarios y de lucha entre trabajadores ocupados, desempleados, precarizados, de la economía popular, para avanzar en la unidad entre lxs trabajadores y el barrio.

La perspectiva de avance para lxs trabajadores no es la gobernabilidad de Francisco y sus voceros en la Argentina sino la que formuló con total claridad Mariano Féliz, “Desde el campo de las organizaciones que luchamos por un cambio social radical, anticapitalista, antiimperialista, antipatriarcal, la apuesta debiera ser precisamente la inversa: construir la ingobernabilidad con nuestros cuerpos en las calles, construyendo pensamiento y -sobre todo- prácticas críticas en todos los espacios que habitamos, cuestionando todos los rasgos de la sociedad impregnados por la lógica del capital. Es decir, debemos impugnar la sociedad toda, al capital, pero también al Estado, a las burocracias sindicales; e incluso a nuestras propias organizaciones, a las que debemos cuestionar, repensar y reinventar, para construir un mundo nuevo en que quepan todos los mundos”.

Desde las luchas de lxs trabajadores precarizados, de lxs incluídos en el trabajo formal, en los barrios, desde las luchas socio-ambientales, desde las masivas peleas de las mujeres y la diversidad sexual, desde las que se despliegan en defensa de la educación o la salud, desde lxs pueblos originarios, entre las organizaciones que no nos referenciamos en la CTEP o las que legítimamente lo hacen desde una perspectiva diferente a la de su actual conducción, podemos articular fuerzas para construir esta ingobernabilidad.

Reconstruir la alternancia electoral

No hay frase más utilizada que “unidad para frenar al macrismo”. Se formula de diferentes maneras, “frente cívico”, “construcción de nueva mayoría”, “frente plural”, “convergencia contra el neoliberalismo” y una larga lista que tiene en común tres cosas: que los integrantes de esa “unidad” para frenar al macrismo son los mismos que abrieron las puertas a su triunfo y permitieron aplicar a gran parte de sus políticas; que se formulan con el aire sensato de “ir por lo posible”; y que la política se reduce a que el pueblo pelee por alguna mejora parcial y luego elija quien gobernará en su nombre los destinos del país. Podríamos agregar una cuarta cosa en común: que sobre estas viejas premisas presentadas como novedosas nunca pudo construirse nada bueno para el pueblo.

El Chino Navarro, otro de los dirigentesdel Movimiento Evita lo planteó claramente a la revista Crisis, “Nosotros tenemos que tratar de actuar en esta democracia liberal que no es la que más nos gusta pero es la que tenemos, en esta legalidad impuesta por los que han ganado en términos económicos, y primero parar de retroceder, segundo ver si podés paliar, resolver la urgencia, y tercero, construir unidad, que es la que te puede permitir ganarles en el marco de la democracia y las elecciones”.

La “unidad” con los burócratas cegetistas, con el aparato del PJ, con representantes empresarios y de organizaciones del “campo” como la Federación Agraria, con el Frente Renovador de Massa, es el marco de unidad que pretenden para “ganarle a Macri”. “Queremos ampliar el peronismo hacia los trabajadores y hacia las organizaciones de la economía popular”, explicó el Chino “Navarro” al diario La Nación. Esta unidad enunciada no tiene nada que ver con la unidad que necesitamos los trabajadores para terminar con los proyectos reciclados de los mismos de siempre.

Reducir la pelea al ámbito electoral y polarizar discursivamente enfrentamientos que no son tales, son viejas recetas para que el pueblo no intervenga con sus propias propuestas y organizaciones. Está claro que la unidad es vital. Pero necesitamos una unidad que no oficie de soporte de lo viejo, sino que construya alternativas populares que levanten un nuevo proyecto de país y sociedad, sobre las ruinas del viejo régimen político y económico del capital.

Un viejo cuento relata como un elefantito recién nacido es atado a una cadena. El elefantito tironea y tironea pero no logra desatarse. Pasa el tiempo, el elefante crece y ya con un sólo tirón podría arrancar sus cadenas. Sin embargo, ya no tironea más porque no cree sea posible liberarse.

¿Qué impide hoy que desde el pueblo trabajador nos dispongamos no sólo a resistir y pelear, como sabemos hacerlo y lo demostramos a través de la historia sino también a construir un proyecto popular emancipador? Tenemos la experiencia acumulada, la fuerza y la organización para construir un país que, no solo sea cada vez más ingobernable para los de arriba, sino se parezca cada vez más a nuestros sueños.

Fuentes

http://www.resumenlatinoamericano.org/2016/11/13/argentina-emilio-persico-del-movimiento-evita-las-organizaciones-sociales-son-el-nuevo-hecho-maldito-del-pais-burgues/

http://www.revistacrisis.com.ar/notas/puchero-la-evita

http://contrahegemoniaweb.com.ar/cambio-sin-futuro-apuntes-pensar-la-argentina-ano-gobierno-cambiemos/

Guillermo Cieza. Borradores sobre la lucha social y la autonomía. Buenos Aires, Manuel Suarez, 2004

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=221013

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