Sankara y la actualidad de la revolución burkinesa

bouamamas

Traducido del francés por Beatriz Morales Bastos

El 15 de octubre de 1987 Thomas Sankara era asesinado en unas circunstancias extremadamente oscuras (en las que todavía hay que determinar el papel del imperialismo francés). Saïd Bouamama –sociólogo y militante del Front uni des immigrations et des quartiers populaires, FUIQP (Frente Unido de las Inmigraciones y de los Barrios Populares)– describe en este texto el recorrido, las ideas y actos del dirigente revolucionario burkinés. Si bien el proceso abierto por la revolución sankarista se enfrentó a enormes obstáculos y conoció límites importantes, pone de relieve su actualidad desde el punto de vista de las luchas anticolonialista y anticapitalista, pero también en lo que concierne a la ecología, la opresión de las mujeres y la deuda. 

Este texto proviene del libro que Saïd Bouamama ha dedicado a las “figuras de la revolución africana” (Zones, 2014).

“Nuestra revolución en Burkina Faso está abierta a las desgracias de todos los pueblos, Se inspira también en todas las experiencias de los hombres desde el primer aliento de la humanidad. Queremos ser los herederos de todas las revoluciones del mundo, de todas las luchas de liberación de los pueblos del Tercer Mundo”, (Thomas Sankara, “La libertad se conquista por medio de la lucha”, Discurso ante la Asamblea General de la ONU, 1984).

Diez años después del asesinato de [Amilcar] Cabral, Thomas Sankara (1949-1987) se convierte a los treinta y tres años en el presidente más joven de África e incluso del planeta. En aquel momento Alto Volta es junto con Malawi el país más pobre del mundo, donde la esperanza de vida es de apenas cuarenta años. Llamado por su pueblo y después por el conjunto del continente el “presidente de los niños” o el “presidente de los pobres” [1], Thomas Sankara debe hacer frente a un “giro del mundo” que en las décadas de 1970 y 1980 está marcado por unos cambios fundamentales de la economía mundial (fluctuación de las cotizaciones del petróleo, crisis de la deuda de los países del Tercer Mundo, triunfo del neoliberalismo en los países occidentales) y por la emergencia de nuevas temáticas que hasta entonces estaban lejos de ser la prioridad de los revolucionarios africanos (cuestionamiento de las nociones de “desarrollo” y de “crecimiento”, de la explotación de los ecosistemas, de la dominación masculina…).

Con las armas heredadas de sus predecesores, sin medios financieros y aislado en un panorama continental dominado por regímenes corrompidos y en peligro el joven presidente trata de hacer frente a estos nuevos retos. Hoy resulta difícil decir si la experiencia sankarista fue un éxito o no: debido a su asesinato en 1987, es indudable que esta experiencia original fue demasiado breve para poder concluir fácilmente sobre este punto. Lo cierto es que su entusiasmo revolucionario, su extraordinario carisma y su final trágico han convertido a Thomas Sankara en “un símbolo y una referencia política fundamentales para toda África” [2].

Un militar insumiso

Cuando el periodista Jean-Philippe Rap le pregunta en 1985 acerca de los dirigentes africanos, Sankara distingue entre aquellos que tienen “una disponibilidad mental de condescendencia” y aquellos que han sido llevados a “sumergirse en el pueblo” [3]. En febrero de 1986 resume esta idea: “Karl Marx lo decía, no se piensa ni en las mismas cosas ni de la misma manera si se vive en una choza o en un palacio” [4].

Nacido en diciembre de 1949 de un padre [militar] tirador, el joven Thomas se libra de la pobreza de los “indígenas” de la época colonial. No obstante, los diferentes destinos de su padre, convertido en enfermero-gendarme auxiliar, en varias regiones del país hicieron de él un testigo de esta miseria y de las humillaciones que le acompañan [5]. Por ejemplo, más tarde contará haber visto que se enviaba a padres a la cárcel porque su hijo había osado tomar prestada una bicicleta, vehículo reservado a los hijos de los colonos, o porque su hijo había tenido la audacia de recoger fruta, algo prohibido a los niños africano. A modo de autoanálisis afirmará:

“Hay acontecimientos, ocasiones, que constituyen un encuentro, una cita con el pueblo. Hay que buscarlos muy lejos en el pasado, en los orígenes de cada uno. Uno no decide convertirse en jefe de Estado, uno decide acabar con tal o cual forma de humillación, de vejación, con determinado tipo de explotación, de dominación. Eso es todo” [6].

La infancia de Thomas Sankara también es muy católica. Recibe una educación católica de su padre que, convertido al catolicismo, enseña catequesis. Asiduo del coro infantil, los misioneros pronto se fijan en el joven. Forma parte de los “Cœurs vaillants” [Corazones valientes], un movimiento cristiano de educación popular francés dirigido a niños de seis a quince años. De este movimiento hereda un respeto por la fe y por los creyentes que no le abandonará nunca. Cuando en 1986 se le pregunte qué libros se llevaría a una isla desierta, responderá El Estado y la revolución, de Lenin, la Biblia y El Corán. “Considero que estas tres obras constituyen las tres corrientes de pensamiento más fuertes en el mundo en el que estamos, excepto en Asia, quizá”, lo justificará [7].

Así pues, la infancia y la adolescencia de Sankara se desarrollan bajo el doble signo del cuartel y de la misión. Sus proyectos profesionales están lógicamente impregnados de ambos. Tras se un alumno de primaria aplicado, duda entre el seminario y el instituto. Finalmente decide ingresar en la Academia Militar Preparatorio de Kadiogo (PMK, por sus siglas en francés), en la periferia de Uagadugú, donde ingresa en 1966, unos meses después del derrocamiento del primer presidente de Alto Volta, Maurice Yaméogo, en el poder desde la independencia en 1960, y la instalación de un régimen militar autoritario a la cabeza del país.

A partir de esta época es cuando Thomas Sankara se inicia en el marxismo y descubre el antiimperialismo. En efecto, el joven de solo diecisiete años conoce a un personaje sorprendente: Adama Abdoulaye Touré [8]. Director de estudios en la PMK, milita paralelamente en la sección de Alto Volta del Partido Africano de la Independencia (PAI), formación que considera socialista y se define como marxista-leninista. Como cuenta el biógrafo de Sankara, Bruno Jaffré, Adama Touré anima un círculo antiimperialista clandestino que frecuentan asiduamente el futuro presidente de Burkina Faso y sus camaradas: Adama Touré les habla del neocolonialismo que oprime su país, de los movimientos de liberación en otras partes de África y en el mundo, de las revoluciones china y soviética, del imperialismo que hay que aniquilar, del pueblo en marcha hacia su liberación, del socialismo y después del comunismo [9].

El apego de Sankara a la formación política data de este periodo. Ya no dejará de alentar a los soldados y oficiales a leer y formarse. “Sin formación política patriota un militar no es sino un criminal en potencia”, acostumbra a decir [10].

Una vez obtenido el bachillerato en 1969 Sankara emprende una formación de cuatro años como oficial en la Academia Militar de Antsirabe, en Madagascar. En la “Gran Isla” es testigo de la revolución de mayo de 1972 que derroca al régimen neocolonial de Philibert Tsiranana. La acción conjunta de militares jóvenes y de militantes sindicales y políticos lleva a la caída del régimen malgache al que, sin embargo, París apoyaba incondicionalmente. Thomas Sankara quedará muy marcado por este movimiento que los malgaches denominan significativamente la “segunda independencia”.

De vuelta al país con el grado de subteniente a finales de 1973 Sankara es destinado a la formación de jóvenes reclutas, donde destaca por su concepción de la formación militar en la que incluye formación sobre los derechos y deberes del ciudadano. Invitado por sus superiores el 22 de agosto de 1974 a dar una conferencia sobre el papel de las fuerzas armadas en el “desarrollo”, fustiga (para gran desilusión de su jerarquía) al “ejército devorador de presupuestos” y la “ociosidad de los soldados” [11]. O cómo ser a la vez militar e insumiso…

Unos meses después, en diciembre de 1974, Sankara participa en una guerra entre Mali y Alto Volta a propósito de la zona fronteriza llamada “Franja de Agacher”. El avance militar que hace con sus soldados le granjea inmediatamente fama entre ellos, pero también de manera más general entre el pueblo. “Sankara entra en la leyenda nacional como héroe”, pone de relieve uno de sus prologuistas, David Gakunzi [12]. Los hechos de armas durante esta guerra abren a Sankara las puertas de la promoción militar. En 1976 es nombrado director del nuevo Centro Militar de Entrenamiento Comando (CNEC) en Po, a 150 kilómetros al sur de Uagadugú, y en 1978 le proponen hacer unos cursos de especialización en las escuelas de paracaidismo de Rabat, en Marruecos, y de Pau, en Francia.

Casi veinticinco años después de la independencia Alto Volta continúa marcado por el marasmo económico, carestías y hambrunas regulares, y una dependencia total de la antigua potencia colonial. La revuelta está a punto de estallar y Sankara comparte este sentimiento de cólera. Aprovecha su estancia en Francia para entrar en contacto con las diferentes tendencias de la izquierda.

¡Ay de aquellos que amordazan al pueblo!”

En 1980 Alto Volta sufre un nuevo golpe de Estado, el tercero desde la independencia. Cuando el coronel Saye Zerbo toma el poder el 25 de noviembre tras un huelga general e instala un Comité Militar de Recuperación para el Progreso Nacional (CMRPN) al frente del país hay, sin embargo, un factor nuevo. Varios jóvenes oficiales surgidos de medios populares se han organizado clandestinamente en torno a Thomas Sankara. Por medio de panfletos clandestinos denuncian la jerarquía militar y llaman a un acercamiento entre el ejército y el pueblo. Estructurados desde 1978 en una organización llamada “Arista” cuyo objetivo es contribuir al cambio revolucionario en Alto Volta, consideran que no hay condiciones para ese cambio. No se oponen al golpe, pero tampoco participan en él. Se sitúan en un segundo plano.

Consciente de la ya gran popularidad de Sankara, el nuevo gobierno trata de neutralizarlo nombrándolo capitán en febrero de 1981 y después, en septiembre de 1981, secretario de Estado de Información. Sankara cede durante un tiempo bajo la presión amenazante del nuevo poder: el efímero secretario de Estado dimitirá ocho meses después, en abril de 1982, afirmando en su carta de dimisión que “se había incorporado de mala gana al régimen” [13].

Durante esos breves meses el joven secretario de Estado desentona en el gobierno. Como se niega a participar en las recepciones se le apoda el “ministro fantasma” [14]. Anima a los periodistas a denunciar las malversaciones, incluidas las que afectan a las más altas esferas del Estado. Acude en bicicleta a los consejos de ministros para desmarcarse del lujo ostentoso de algunos de sus colegas. Finalmente, la prohibición del derecho de huelga en noviembre de 1981 y el llamamiento sindical a una huelga general en abril de 1982 para protestar contra esta medida llevan al secretario de Estado a dimitir. Quiere, además, que la población conozca su postura. Aprovechando que el 12 de abril se celebra en Uagadugú una conferencia de ministros africanos sobre el cine, exclama en presencia del jefe de Estado y en directo en las ondas de la radio nacional: “¡Ay de aquellos que amordazan al pueblo! […]. No hay cine sin libertad de expresión y no hay libertad de expresión sin libertad, a secas” [15]. Estas pocas frases aseguran de forma duradera la popularidad de Sankara e inauguran un estilo que le acompañará siempre.

Semejante audacia le cuesta ser detenido, degradado y deportado lejos de la capital. Basándose en el descontento generado por la detención, el comandante Gabriel Somé Yorian toma el poder el 7 de noviembre de 1982. Los jóvenes oficiales agrupados en torno a Sankara no habían tomado la iniciativa del golpe, pero la ausencia de alternativa a corto plazo les lleva a apoyarlo para orientar las decisiones en el sentido de los intereses populares. Se propone a Sankara el puesto de primer ministro en un nuevo Consejo de Salvación del Pueblo (CSP) y lo acepta. No obstante, el nuevo poder está lejos de estar unido. Tiene un carácter híbrido, analiza Pierre Englebert, el cual distingue una “fracción progresista decidida a utilizar el poder en el que está obligada a participar” y las otras tendencias que simplemente tratan de utilizar la popularidad de Sankara [16].

Rápidamente sale a relucir la bicefalia que caracteriza al CSP. Con ocasión de un mitin público el 26 de marzo de 1983 la masa descubre a un líder que utiliza un lenguaje simple y que moviliza. Denuncia sucesivamente a los enemigos del pueblo que están “tanto en el interior como fuera”, la “fracción de la burguesía que se enriquece de forma deshonesta por medio del fraude” y los “políticos que solo recorren el campo cuando hay elecciones”. Las palabras de Sankara no dejan de suscitar el entusiasmo del público:

“Cuando el pueblo se alza, el imperialismo tiembla. El imperialismo que nos mira está inquieto. Tiembla. El imperialismo se pregunta cómo podrá romper el vínculo que existe entre el CSP y el pueblo. El imperialismo tiembla. Tiembla porque tiene miedo. Tiembla porque aquí, en el mismo Uagadugú, lo vamos a enterrar” [17].

Así es el “estilo Sankara”. Su pedagogía del ejemplo y sus fórmulas directas se dirigen verdaderamente a las personas humildes. El discurso del presidente del CSP Jean-Baptiste Ouedraogo, que le sucede en la tribuna, contrasta con este estilo pedagógico y estimulante, de modo que no puede menos que parecer anodino y tedioso.

La misma situación se repite con los mismos efectos unas semanas después, el 14 de mayo de 1983 en Bobo-Dioulasso, al sudoeste del país. Esta vez se aborda el futuro del proceso revolucionario. “Primer orador, el jefe de gobierno afirmó que el proceso de cambio no se ralentizaría. Grandes aplausos de las decenas de miles de participantes que coreaban su nombre. Segundo orador, el jefe de Estado defendía la pausa. Silencio de la multitud, que no esperó a que acabara el discurso para gritar ‘¡Sankara! ¡Sankara!’” , observa entonces el enviado especial de la revista Afrique-Asie.

Estos éxitos populares del primer ministro acaba por convencer al ala conservadora del régimen de la necesidad de desembarazarse del molesto capitán. El 17 de mayo Sankara es detenido. Las manifestaciones populares apoyadas por las organizaciones de izquierda y los sindicatos obligan al poder a liberarlo. El temor a que se elimine físicamente a Sankara y a sus aliados precipita los acontecimientos. Lleva a un grupo compuesto por suboficiales, dirigentes de organizaciones de izquierda y de dirigentes sindicales a intentar una toma de poder. Cuando la guarnición sublevada de Po, dirigida por Blaise Compaoré, llega a Uagadugú el 4 de agosto de 1983 está acompañada de una multitud alborozada. Esa misma tarde Thomas Sankara anuncia por la radio la destitución del poder, la creación del Consejo Nacional de la Revolución (CNR) y la entrada en vigor de un toque de queda. “Pero la población civil, feliz por los acontecimientos, no puede decidirse a volver a sus casas”, relata un periodista de Afrique-Asie. “Prefiere bailar y cantar ‘¡Viva la revolución! ¡Viva Sankara!’” [19]. Acto seguido el CNR nombra a Sankara jefe de Estado.

Atreverse a inventar el futuro”

Raramente un golpe de Estado habrá sido tan popular y la legitimidad de sus autores tan fuerte. Con todo, desde su primera rueda de prensa el 21 de agosto el presidente quiere desmarcarse de este modo de toma de poder:

“Para algunas personas basta con tener las armas, con estar respaldado por algunas unidades para tomar el poder. En el caso de otras, lo que prevalece es otra convicción. El poder debe ser en primer lugar asunto de un pueblo consciente. Por consiguiente, las armas solo constituían una solución puntual, ocasional, complementaria” [20].

A pesar de desmarcarse y a pesar de la indudable popularidad de Sankara, no se organizan elecciones algunas. Admirador manifiesto del “modelo cubano” y muy consciente de que con demasiada frecuencia las elecciones en África son fraudulentas (con la ayuda de la “asistencia técnica” extranjera…), Sankara trata ante todo de reunir a las organizaciones que defienden los intereses populares. La composición del gobierno, que se hace pública el 24 de agosto de 1983, pone de relieve esta voluntad de reagrupar a todas las fuerzas políticas de la izquierda radical. En él se encuentran ministros miembros del PAI y otros de la Unión de Lucha Comunista Reconstruida (ULCR). El único que se niega a participar en el gobierno es el Partido Comunista Revolucionario Voltaico (PCRV). En efecto, considera que la revolución del 4 de agosto “apenas difiere de los anteriores golpes militares”. [21]

Junto a este frente de organizaciones de izquierda el presiente quiere apoyarse en una autorganización con base del pueblo. Desde la declaración difundida por radio el 4 de agosto Sankara llama a constituir Comités de Defensa de la Revolución (CDR) precisando enseguida que el objetivo de estos comités es “la destrucción de la maquinaria de Estado neocolonial” y la organización de una “nueva maquinaria capaz de garantizar la soberanía del pueblo” [22]. Concebidos de un instrumento de democracia directa, se dota a los CDR de poderes importantes, como el establecimiento de documentos de identidad, el censo de la población e incluso la recaudación de impuestos.

En el dominio judicial desde octubre de 1983 se instauran los Tribunales Populares de la Revolución (TPR) con la misión de juzgar “todos los crímenes y delitos cometidos por funcionarios y agentes del Estado” [23]. Sus jueces son elegidos mayoritariamente en el seno de los CDR. Tanto la instrucción como las audiencias son públicas y se retransmiten en directo por la radio. Durante los cuatro años de experiencia sankarista el llamamiento a la autorganización de quienes son los primeros concernidos es una constante en todos los dominios de la vida social. Para simbolizar esta nueva etapa abierta por la revolución de agosto el país es rebautizado Burkina Faso, el país de los hombres íntegros.

El objetivo en el dominio económico es la autosuficiencia alimentaria para no tener que depender nunca más de las ayudas exteriores que, según sus palabras, “instalan en nuestros espíritus reflejos de mendigos”. Además de una importante reforma agraria, se emprenden múltiples campañas que van desde la difusión de técnicas de roturación que protegen los árboles a la enseñanza de técnicas de conservación de los suelos y de dominio de cultivos pluviales. Aunque el país todavía importa 220.000 toneladas de cereales en 1984, dos años después logra su meta de dos comidas y diez litros de agua al día por persona [24]. Unos años después el que fuera Relator Especia de la ONU para el Derecho a la Alimentación, Jean Ziegler, describirá las reformas de Sankara como un gran éxito: “Venció la hambre: logró que en cuatro años Burkina fuera autosuficiente desde el punto de vista alimentario” [25].

Pero no basta con producir localmente, también es necesario que se consuman los productos nacionales. La misma situación prevalece en lo que concierne a los productos no alimentarios. “Consumid burkinés” y “vestirse burkinés” se convierten en consignas. Deber de dar ejemplo obliga, los ministros tienen que vestir el Faso Dan Fani, un traje elaborado con algodón local. Todas estas iniciativas se toman privilegiando el trabajo colectivo. La población de los barrios o pueblos se reúne para hacer gratuitamente trabajos tan diversos como la construcción de escuelas o de dispensarios, arrancar malas hierbas o limpiar las calles. El trabajo se hace al son de canciones colectivas en un estilo que recuerda la experiencia china.

La misma dinámica se establece para campañas más ambiciosas, como el acondicionamiento del “valle del Sourou” destinado a irrigar 41.000 hectáreas, el “comando de vacunación” cuyo objetivo es vacunar a 3 millones de niños en tres semanas e incluso el “comando de alfabetización”, cuyo objetivo es alfabetizar a 35.000 campesinos en cincuenta días. Con material suministrado por el Estado y la participación del ejército, las personas voluntarias de los CDR de todo el país se juntan para llevar a cabo estos trabajos colectivos.

Estas movilizaciones permanentes solo son posibles si reúnen dos condiciones. La primera es la mejora inmediata de las condiciones de vida de la gran masa de campesinos pobres y de los parados de las ciudades. Esta mejora se traduce en medidas como la supresión del impuesto de capitación y del impuesto sobre el ganado o la bajada de los alquileres de un 50 % a un 70 % en junio de 1984, seguida de la gratuidad total en el año 1985. La segunda condición que hay que cumplir es la ejemplaridad de los asalariados del Estado, que se traduce en decisiones como la sustitución del parque móvil, dotado en adelante de simples Renault 5, la supresión de los viajes en clase business o también el descenso de los salarios de los ministros y de los altos funcionario. Con la misma preocupación de luchar contra la corrupción y de permanecer unidos al pueblo se decide disolver el gobierno cada año “para recordar a cada uno que está en su puesto para servir y que debe cuestionarse permanentemente” [26].

Para Sankara no hay ruptura entre lucha interna y lucha externa porque “las clases parásitas […] están unidas y permanecen unidas por medio de un cordón umbilical al imperialismo internacional” [27]. En su célebre discurso ante la Asamblea General de la ONU en octubre de 1984, en el curso del cual utiliza la célebre fórmula “osar inventar el futuro”, el presidente de Burkina Faso detalla su concepción de la lucha tricontinental, basada en la comunidad de “combate contra los mismos traficantes políticos, los mismos explotadores económicos” [28] y se hace portavoz de todos los oprimidos del mundo:

“Hablo en nombre de estos millares de seres que […] son de culturas diferentes y tiene un estatuto apenas superior al del animal. […]. Sufro en nombre de los indios masacrados, atropellados, aplastados, humillados y confinados desde hace siglos en reservas […] Hablo en nombre de las mujeres del mundo entero, que sufren un sistema impuesto por los varones […] Sí, quiero hablar en nombre de todas aquellas personas “dejadas a su suerte” porque soy un hombre y nada humano me es ajeno” [29].

Nuevas luchas: la ecología, el feminismo, la deuda

Al definirse en este discurso en la ONU como el heredero “de todas las revoluciones del mundo” Shankara trató de hacer balance de las contradicciones, errores y limitaciones de las revoluciones anteriores. Testimonio de ello es la importancia que concede a las cuestiones hasta entonces ausentes o subestimadas en el pensamiento y las experiencias africanas de liberación.

“Aquí no soy sino el humilde portavoz de un pueblo que se niega a verse morir por haber visto pasivamente morir su medioambiente natural”, anuncia en la Conferencia Internacional sobre el Árbol y el Bosque de París en 1986, y añade que “se han plantando diez millones de árboles en el marco de un programa popular de desarrollo de quince meses”. En aquella ocasión hizo un primer balance de la entrada de la ecología en la agenda política burkinesa. “El imperialismo es el pirómano de nuestros bosques y de nuestras sabanas”, comenta para explicar esta nueva prioridad a pesar de la pobreza de su país [30].

El balance es, en efecto, consecuente: movilización para luchar contra la desertización, campañas para plantar árboles durante las fiestas familiares o públicas y en todos los programas de construcción de viviendas. Para Sankara la ecología también es una cuestión de “desarrollo”. Burkina Faso se embarca en la agroecología. Pierre Rabhi, el fundador de este enfoque cuyo objetivo es la autonomía alimentaria, dará testimonio posteriormente del papel vanguardista desempeñado por Sankara en este dominio [31]. Adelantándose a su tiempo, Sankara explica que la preservación de los ecosistemas es un problema global, lo mismo que hace en 1986 en un plató de la televisión francesa cuando se le pregunta por la desertización de su país:

“Consideramos que la responsabilidad de este azote no incumbe solo a los hombres y mujeres que viven en Burkina Faso sino también a todas aquellas personas que, lejos de nosotros, provocan de forma directa o indirecta perturbaciones climáticas y ecológicas. […] Sí, la lucha contra la desertización es una lucha antiimperialista” [32].

La igualdad entre sexos es la segunda cuestión hasta entonces ocultada o subestimada de la que Sankara se apodera de manera ofensiva. Concibe esta igualdad como una condición indispensable para el desarrollo del país. Así, se instaura simbólicamente un “día de mercado en masculino” para sensibilizar acerca del reparto desigual de las tareas domésticas. Sankara incluso avanza la idea de un “salario vital”, es decir, la retención en la fuente de una parte del salario del marido para darlo a su esposa. Sin embargo, a pesar del ambiente revolucionario, la sociedad burkinesa sigue estando dubitativa. “La propaganda en torno al “salario vital” suscita muchas esperanzas entre las mujeres. Pero finalmente esta consigna ni siquiera se empezó a aplicar”, señala retrospectivamente el político y especialista en África belga Ludo Martens [33].

El presidente de Burkina Faso es consciente de los límites del voluntarismo sobre una cuestión solo puede hacer progresar la movilización de las propias mujeres: “La emancipación, lo mismo que la libertad, no se concede, se conquista. E incumbe a las propias mujeres avanzar sus reivindicaciones y movilizarse para lograrlas” [34].

El análisis de la deuda y el llamamiento a rechazar el pago constituye el tercer gran aporte específico de Sankara. La victoria del neoliberalismo a principios de la década de 1990 en Estados Unidos, en Reino Unido y pronto en todos los países europeos tuvo unas repercusiones inmediatas sobre los países africanos. El aumento de la tasa de interés de los préstamos a estos países y la bajada del coste de las materias primas se unen para asfixiarles financieramente y obligarles a endeudarse cada vez más para pagar… sus deudas y los intereses que generan. La “crisis de la deuda” que en el curso de la década de 1980 golpea fuertemente a los países dominados sirve de pretexto a las instituciones financieras internacionales (FMI, Banco Mundial) para imponer a los países africanos unos drásticos planes de austeridad que obligan a los gobiernos a abandonar toda política social y a favorecer (en unas condiciones extremadamente desfavorables para las poblaciones) la implantación de multinacionales depredadoras.

En la cumbre de la Organización de la Unidad Africana (OUA) celebrada en julio de 1987 el presidente de Burkina Faso lanza ante sus alucinados colegas un discurso memorable que pasará a la historia como uno de los manifiestos más importantes contra las deudas injustas e ilegítimas:

“[…] La deuda se ha de analizar empezando por su origen. Los orígenes de la deuda se remontan a los orígenes del colonialismo. Quienes nos han prestado dinero son los mismos que nos colonizaron. Son los mismos que gestionaban nuestros Estados y nuestras economías […].

La deuda es el neocolonialismo o los colonialistas transformados en «asistentes técnicos». En realidad, deberíamos decir asesinos técnicos. Y son ellos los que nos propusieron las fuentes de financiación […]. Nos presentaron dossieres y montajes financieros fantásticos. Nos endeudamos por cincuenta años, sesenta años y más aún. Es decir, nos han llevado a comprometer a nuestros pueblos durante cincuenta años o más.

La deuda en su forma actual es una reconquista sabiamente organizada de África para que su crecimiento y su desarrollo respondan a unos niveles, a unas normas que nos son totalmente extrañas. De manera que cada uno de nosotros se convierta en un esclavo financiero, es decir, en esclavo a secas de quienes han tenido la oportunidad, la astucia, la trapacería de invertir sus fondos en nuestros países con la obligación de que los reembolsemos. […]

Nosotros no podemos reembolsar la deuda porque no tenemos nada que pagar. […]. No podemos pagar la deuda porque, al contrario, nos deben lo que las mayores riquezas nunca podrán pagar, esto es, la deuda de sangre. […].

Cuando nosotros decimos que la deuda no se ha de pagar no significa que estemos contra la moral, la dignidad, el respeto a la palabra. [Es porque] Nosotros consideramos que no tenemos la misma moral que los otros. Entre el rico y el pobre no hay la misma moral […]” [35].

Menos de tres meses después Thomas Sankara es asesinado. Había previsto esta posibilidad cuando en Addis Abeba puso de relieve la necesidad de un rechazo colectivo del pago de la deuda “para evitar que nos hagamos asesinar individualmente” [36]. Y profetizó: “Si Burkina Faso, solo, se negara a pagar la deuda, yo no estaré presente en la próxima conferencia”.

Se puede matar a un hombre, pero nunca sus ideas”

Sankara sabe de qué se trata cuando se habla de la deuda. La experiencia revolucionaria de Burkina está amenazada por los pagos de esta deuda, cuyo peso se ha vuelto insoportable al tiempo que la ayuda internacional desciende un 25 % y la ayuda bilateral francesa pasa de 88 millones de dólares a 19 millones entre 1982 y 1985 [37].

Este marco de imposición lleva desde 1983 a un rigor implacable que Sankara se aplica en primer lugar a sí mismo y a su entorno. El presidente de Burkina Faso solo dispone de dos herramientas para mejorar las condiciones materiales de existencia de los más desfavorecidos y financiar el desarrollo autocentrado. La primera es el descenso de los gastos de funcionamiento de los servicios públicos. La segunda es recurrir a los únicos contribuyentes que tienen ingresos estables, los asalariados urbanos y, en particular, los funcionarios públicos. Hay un aumento constante de las contribuciones sociales y de los diferentes impuestos que se aplican a los funcionarios. El periodista especialista en Burkina Faso, Pascal Labazée, calcula que el poder adquisitivo de los asalariados urbanos disminuyó un 30 % entre 1982 y 1987 [38].

Poco a poco se exacerban las contradicciones entre los funcionarios y el poder, contradicciones que además mantiene la oposición. En portavoz de ese descontento se erige el Sindicato Nacional de Profesores Africanos de Alto Volta (SNEAHV, por sus siglas en francés), varios de cuyos dirigentes son miembros del Frente Patriótico Voltaico, una organización que se opone al CNR. La detención el 12 de marzo de 1984 de cuatro dirigentes de este sindicato por “complot contra la seguridad del Estado” provoca un llamamiento a la huelga para los días 20 y 21 de marzo. Al día siguiente el ministro de Defensa anuncia por la radio el despido de 1.380 profesores en huelga. Por su parte, la Confederación Sindical Burkinesa (CSB), cercana al PAI, permanece más tiempo fiel al régimen revolucionario. Pero al mostrarse más reivindicativa a partir de 1984, cuando el PAI rompe con el CNR, también se enfrenta a la represión. Se detiene a su secretario general, la acusación de “anarcosindicalismo” entra en el discurso oficial y el presidente de Burkina Faso pierde así a unos de sus más antiguos e importantes aliados. Sankara explica así su dilema ante esta grave crisis social:

“Hay que elegir. O bien tratamos de contentar a los funcionarios (son aproximadamente 25.000 personas, esto es, un 0,3 % de la población) o tratamos de ocuparnos de todas las demás personas que no pueden conseguir siquiera un comprimido de nivaquina* o de aspirina y simplemente mueren cuando están enfermos” [39].

Aunque se puede entender que la prioridad de Sankara vaya a la segunda categoría, el ritmo de los cambios es más discutible. Al presidente de Burkina Faso le falta una herramienta de relación política permanente con los diferentes sectores sociales de las clases populares para evaluar dicho ritmo. La división de las organizaciones políticas de izquierda les impide desempeñar esta función política. Sankara no escatima esfuerzos para hacerles converger pero, como explica en 1984, no quiere repetir los errores de otras experiencias revolucionarias africanas:

“[…] Por supuesto, podríamos crear un partido inmediatamente […]. Pero no queremos calcar, reproducir aquí ingenuamente y de manera más bien burlesca lo que se ha hecho en otras partes. Lo que nos gustaría es, en primer lugar, beneficiarnos de las experiencias de otros pueblos. […] No queremos que [la organización] se imponga de forma dictatorial, como ha podido ocurrir en otros lugares… Es preciso […] que emane de un profundo deseo popular, de una voluntad real, de una exigencia popular” [40].

Tampoco los CDR pueden cumplir esta función política. Desde los inicios son los militares quienes desempeñan la secretaría general de los CDR. El capitán de aviación Pierre Ouedraogo, “uno de los amigos de Sankara proveniente del primer círculo político” [41], es nombrado secretario general nacional de los CDR. Este capitán impulsa una lógica del cambio “desde arriba” que tiende así a transformar estas estructuras (las cuales se supone son de “democracia directa”) en simple “correa de transmisión”.

Y lo que es más grave, se instrumentalizan los CDR al servicio de la lucha en el seno de CNR. “Así, sin lugar a dudas los CDR desempeñaron un papel represivo al realizar detenciones arbitrarias, a menudo a órdenes del secretario general de los CDR. También participaron en las diferentes ofensivas que tuvieron lugar contra los sindicatos y sirvieron de masa de maniobra en la sorda batalla a la que se entregaron las diferentes facciones políticas para controlar el poder”, resume Bruno Jaffré [42]. Las intervenciones del presidente de Burkina Faso en abril de 1986, durante la primera conferencia nacional de los CDR, ponen de relieve su preocupación ante las muchas derivas de estos organismos. Denuncia en ella a algunos CDR que “se han convertido en un auténtico terror para los directores”, denuncia a aquellos que “lucen todo un arsenal de armas” y utilizan la amenaza, y condena a quienes “han hecho cosas execrables” y “se han aprovechado de la patrulla para saquear” [43].

En muchos pueblos los CDR tampoco desempeñan el papel previsto y sus cargos electos son o bien los notables tradicionales u hombres que están a su servicio. Al analizar la evolución del poder local en los pueblos del oeste de Burkina el sociólogo Alfred Schwartz concluye que en realidad hay continuidad bajo la apariencia de un cambio, es decir, “una subordinación de hecho del poder “revolucionario” al poder tradicional” [44].

La magnitud de los cambios efectuados, el ritmo intenso al que se llevan a cabo las reformas, la importancia de los esfuerzos exigidos, el rencor que suscitan estas transformaciones y la siempre preocupante ausencia de elecciones en un país que se considera del “pueblo” tienden a cristalizarse para alimentar una oposición difusa que gana audiencia y a relegar a un segundo plano las mejoras que, sin embargo, son palpables para la gran mayoría.

No obstante, unos meses antes de su asesinato Sankara parece haber adquirido una visión más realista de la situación. En su célebre discurso por el cuarto aniversario de la revolución, el 4 de agosto de 1987, llama a hacer una pausa en las reformas “para sacar las lecciones y enseñanzas de nuestras acciones pasadas para […] comprometernos más en la lucha de manera organizada, más científica y decidida” [45]. El propio Sankara parece un tanto superado por los acontecimientos, como reconoce con humildad en una entrevista televisada: “Me encuentro un poco como un ciclista que sube una fuerte pendiente y que tiene a derecha e izquierda sendos precipicios. […] Para seguir siendo yo mismo, para sentirme yo mismo, estoy obligado a seguir por este camino…” [46].

Los múltiples adversarios exteriores del régimen de Sankara escrutan atentamente estas contradicciones internas. Desde el poder de Mali, agitado por disturbios de estudiantes de secundaria y universitarios en diciembre de 1985 y que desencadena una nueva guerra contra Burkina en este periodo, al de Costa de Marfil, que acoge a los oponentes burkineses, son muchos los dirigentes de los países limítrofes a los que molesta el apasionado presidente de Burkina Faso. La antigua potencia colonial, Francia, teme por su parte a este dirigente que condena abiertamente el franco CFA como “arma de dominación francesa” y la Francofonía como “estrategia neocolonial” [47] y que además de boicotear la Cumbre Francoafricana de Lomé (en noviembre de1986), no duda en criticar públicamente a François Mitterrand. Es sobre todo durante la visita oficial de este último a Burkina Faso en noviembre de 1986 cuando Sankara critica, en un estilo ofensivo que recuerda al “no” de Sékou Touré a de Gaulle en 1958, la reciente visita del presidente sudafricano Pieter Botha a Francia:

“No comprendemos cómo bandidos como [el guerrillero angoleño] Jonas Savimbi [y] asesinos como [el presidente sudafricano] Pieter Botha han tenido derecho a recorrer Francia, tan hermosa y tan limpia. La han manchado con sus manos y sus pies cubiertos de sangre. Y todos aquellos que les han permitido llevar a cabo estos actos serán totalmente responsables aquí y en otras partes, hoy y siempre” [48].

Aunque no se puede afirmar de manera segura quiénes fueron responsables del asesinato de Sankara el 15 de octubre de 1987 durante el golpe de Estado que permite a Blaise Compaoré tomar el poder, la pregunta que el propio Sankara planteó a propósito del asesinato del presidente de Mozambique Samora Machel, muerto en octubre de 1986 en un accidente aéreo, es pertinente en su propio caso: “Para saber quién mató a Samora Machel, nos preguntamos quién se ha alegrado y quién tiene interés en que se haya matado a Machel” [49].

Por consiguiente, no se puede sino constatar que la muerte de Sankara y la política de “rectificación” lanzada por Compaoré permitieron al sistema “françafricano”**, que no ha dejado de reproducirse desde las independencia de 1960, recuperar el control de un país que, impulsado por su revolucionario jefe de Estado, corría peligro de llevar a sus vecinos por los caminos de la insumisión. Como no han desaparecido las causas que hicieron emerge la revolución sankarista, es decir, la opresión, la explotación y la injusticia, es poco probable que caigan en el olvido los principios que Sankara trató de poner en práctica. “Se puede matar a un hombre, pero no sus ideas”, le gustaba repetir.

Notas:

[1] Sennen Andriamirado, Il s’appelait Sankara, Éditions Jeune Afrique, París, 1989, p. 100.

[2] «Thomas Sankara, l’homme intègre», Le Monde diplomatique, octubre de 2007.

[3] Thomas Sankara, « Oser inventer l’avenir », Entrevista de Jean-Philippe Rapp, 1985, en Thomas Sankara parle. La révolution au Burkina Faso 1983-1987, Pathfinder, Nueva York, 1988, p. 204.

[4] Thomas Sankara, « Conférence internationale sur l’arbre et la forêt » (5 de febrero de 1986), e n Thomas Sankara parle, op. cit., p. 275.

[5] Thomas Sankara, « Oser inventer l’avenir », loc. cit., pp. 204-206.

[6] Ibid., p. 202.

[7] Thomas Sankara, Entrevista de Jeune Afrique (febrero de 1986), en Thomas Sankara parle, op. cit., p. 278.

[8] Adama Abdoulaye Touré, Une vie de militant. Ma lutte du collège à la révolution de Thomas Sankara, Hamaria, Uagadugú, 2001.

[9] Bruno Jaffré, Biographie de Thomas Sankara. La patrie ou la mort, L’Harmattan, París, 2007, p. 47.

[10] Thomas Sankara, « La liberté se conquiert dans la lutte », en Thomas Sankara parle, op. cit., p. 172.

[11] Ernest Nongma Ouedraogo, Thomas Sankara en marche vers le pouvoir d’État, Intervención en el Simposio de Conmemoración del 20 aniversario de la muerte de Thomas Sankara, Uagadugú, octubre de 2007 (disponible en <http://thomassankara.net&gt;), p. 5.

[12] David Gakunzi, prefacio a la edición francesa, en Thomas Sankara. « Oser inventer l’avenir ». La parole de Sankara, L’Harmattan, París, 1991, p. 8.

[13] Babou Paulin Bamouni, Burkina Faso. Processus de la révolution, L’Harmattan, París, 1986, pp. 173-174.

[14] Victoria Brittain, « Introduction to Sankara and Burkina Faso », Review of African Political Economy, n° 32, abril de 1985, p. 42.

[15] Citado en Année politique et économique africaine éditions 1983, Société africaine d’édition, Dakar, 1983, p. 173.

[16] Pierre Englebert, La Révolution burkinabé, L’Harmattan, París, 1986, p. 71.

[17] Thomas Sankara, « Qui sont les ennemis du peuple ? », en Thomas Sankara parle, op. cit., p. 55.

[18] Mohamed Maiga, « Les limites du putsch de mai », Afrique-Asie, n° 297, 6 de junio de 1983, p. 31.

[19] Mohamed Maiga, « La nuit du 4 août », Afrique-Asie, n° 302, 15 agosto de 1983, p. 20.

[20] Thomas Sankara, « Conférence de presse » (23 août 1983), Thomas Sankara parle, op. cit., p. 76-77.

[21] Bug-Parga, Journal du PCRV, n° 23, junio de 1987, citado en Ludo Martens, Sankara, Compaoré et la révolution burkinabè, Éditions EPO, Amberes, 1989, p. 127.

[22] Thomas Sankara, « Discours d’orientation politique » (2 de octubre de 1983), en Thomas Sankara parle, op. cit., p. 100-101.

[23] Ordenanza n° 83-015 sobre la creación de los tribunales populares de la revolución, Artículo 1, reproducido en Afrique-Asie, n° 314, 30 enero de 1984, p. 34.

[24] Jean Ziegler, La Terre qu’on a. Luttes et défaites du tiers monde, Études et documentations internationales, París, 1989, p. 108.

[25] Thomas Sankara, l’homme intègre, película de Robin Shuffield, Arte France Cinéma, France 3 Production, Zorn Production International, Lille, 2006.

[26] Entrevista a Thomas Sankara, 14 de agosto de 1985, citado en Roger Bila Kabore, Histoire politique du Burkina Faso, 1919-2000,L’Harmattan, París, 2002, p. 162.

[27] Thomas Sankara, « Discours d’orientation politique », loc. cit., p. 93.

[28] Thomas Sankara, « La liberté se conquiert » (4 de octubre de 1984), en Thomas Sankara. « Oser inventer l’avenir », op. cit., p. 99. [Véase el discurso completo en castellano, https://www.marxists.org/espanol/sankara/1984/octubre04.htm . N. de la t.]

[29] Ibid., p. 104.

[30] Thomas Sankara, « Conférence internationale sur l’arbre et la forêt », loc. cit., p. 272, p. 273 et p. 275.

[31] Pierre Rabhi, « Une expérience africaine », en Nicholas Hulot, Pierre Rabhi, Weronika Zarachowicz, Graines de possibles. Regards croisés sur l’écologie, Calmann-Lévy, París, 2005.

[32] Informativo, FR3, 6 de febrero de 1986.

[33] Ludo Martens, Sankara, Compaoré et la révolution burkinabè, op. cit., p. 26.

[34] Thomas Sankara, « Discours d’orientation politique », loc. cit., p. 111.

[35] Thomas Sankara, « Conférence de l’Organisation de l’unité africaine » (Addis-Abeba, 29 julio de 1987), en Thomas Sankara parle, op. cit., p. 395-408. [Véase el discurso completo en castellano, http://www.cadtm.org/Discurso-de-Thomas-Sankara-sobre%5D.

[36] Ibid., p. 402.

[37] Pascal Labazée, « L’encombrant héritage de Thomas Sankara », Le Monde diplomatique, noviembre de 1987, p. 15.

[38] Ibid.

[39] Thomas Sankara, « Message d’outre-tombe », Entrevista en Jeune Afrique, n° 1401, 11 de noviembre de 1987, p. 37. * La nivaquina es un comprimido corriente contra la malaria (N. de la t.).

[40] Thomas Sankara, Entrevista de Simon Malley, Afrique-Asie, n° 318 del 26 de marzo de 1984, p. 20.

[41] Bruno Jaffré, op. cit., p. 202.

[42] Ibid., p. 211.

[43] Thomas Sankara, « Première conférence nationale des CDR » (4 avril 1986), in Thomas Sankara parle, op. cit., p. 299-302.

[44] Alfred Schwartz, « L’évolution du pouvoir local villageois sous l’impact de la révolution sankariste dans les sociétés acéphales de l’Ouest : continuité dans le changement », en René Otayek, Filiga Michel Sawadogo y Jean-Pierre Guingané (dir.), Le Burkina entre révolution et démocratie (1983-1993), Karthala, París, 1996, p. 166.

[45] Thomas Sankara, « La Révolution a besoin d’un peuple de convaincus, pas de vaincus », in Thomas Sankara parle, op. cit., p. 418.

[46] In Thomas Sankara, l’homme intègre, película de Robin Shuffield, op. cit.

[47] Thomas Sankara parle, op. cit., p. 262-263.

[48] Thomas Sankara, « Réception officielle pour François Mitterrand » (17 de noviembre de 1986), en Thomas Sankara parle, op. cit., p. 348.

[49] Thomas Sankara, « Sur la mort de Samora Machel » (octubre de 1986), en Thomas Sankara parle, op. cit., p. 335-336.

** El adjetivo “francafricano” hace referencia al concepto de “Françafrique”, que designa el conjunto de las relaciones entre Francia y sus antiguas colonias africanas para denunciar el carácter ambiguo y opaco de la relación. Françafrique estaría constituido de redes de influencia y de lobbys de actores franceses y africanos que intervienen en los dominios económicos, político y económico para apropiarse tanto de las riquezas relacionadas con las materias primas como de la ayuda pública al desarrollo (N. de la t., tomado de la excelente definición del término en http://www.toupie.org/Dictionnaire/France_afrique.htm).

Fuente: https://bouamamas.wordpress.com/2016/10/17/sankara-et-lactualite-de-la-revolution-burkinabe/

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=218893

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